Coronavirus. El mundo acelera la llegada del futuro digital

PAD

Anteriormente a la pandemia del coronavirus, la gran mayoría de los actores que componen el ecosistema digital (empresas, ONG’s, gobiernos, organismos internacionales, especialistas, etc.) coincidían en que si bien ya estábamos transitando un nuevo cambio de paradigma hacia una “cuarta revolución industrial” o “revolución 4.0”, aún nos encontrábamos a mitad de camino en la consolidación de una transformación real que impacte en todas las disciplinas, economías e industrias.

Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, autor del libro La cuarta revolución industrial y una de las personas más reconocidas en el mundo en esta materia, ya en 2016 describía este proceso de cambio en el sentido que, en un futuro próximo, se haría realidad a través de “una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos”; y agregaba que “en su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes”.

Lo cierto es que ni Schwab ni ningún otro experto esperaba el impacto global que produjo el Covid-19 y sus múltiples efectos en la economías, en los gobiernos, en la gran mayoría de los sectores productivos, en los desarrollos tecnológicos, en la globalización y el cambio climático, en el mundo del trabajo, en la educación y la salud pública; y por supuesto en los hábitos de consumo de todos los ciudadanos del planeta.

En lo que respecta al panorama económico y productivo, según el Fondo Monetario Internacional se proyecta que la economía mundial sufrirá una brusca contracción de -3% en 2020, con diferencias muy diversas entre países y regiones, pero en definitiva un derrumbe mucho peor que el registrado durante la crisis financiera de 2008-09. Sólo para tener una idea de la misma, la baja trimestral anualizada de EE.UU. en el primer trimestre fue del -4.8%, con tan solo 20 días de confinamiento en ese período. En nuestro país, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE, no el PBI) muestra una caída del 11.5% en marzo del 2020 respecto del mismo mes del año anterior (con tan sólo 10 días de cuarentena total).

Por otro lado, en términos de globalización, existe un fuerte debate sobre si la salida de esta crisis llevará a una mayor cooperación entre los países o a un aislamiento sin precedentes. Si por el contrario hablamos de cambio climático, varios análisis indican que estamos viviendo una caída sin precedentes en la emisión de CO2, uno de los principales gases contaminantes del mundo.

Pasando a nuestra vida cotidiana, ya empezamos a ver cambios rotundos en nuestros estilos de vida: el “teletrabajo” -utilizado hoy a escala mundial- está demostrando ser un método altamente efectivo y confiable. Asimismo, el aprendizaje a distancia está modificando los modelos educativos tradicionales, permitiendo emerger un sinfín de plataformas de enseñanza digital que ya permiten complementar o reemplazar, en algunos casos, las clases presenciales en un contexto complejo como el actual. Y en cuanto a la salud pública, la pandemia ha puesto en evidencia las falencias de los sistemas sanitarios, generando un impulso muy fuerte hacia adentro de los países para repensar los sistemas y mecanismos de atención a través de las nuevas tecnologías, entre ellas la telemedicina.

En cuanto al impacto o aceleración de los desarrollos tecnológicos en todo el mundo producto de esta pandemia, muchos países que han logrado contener sus brotes, por lo menos hasta ahora, entre ellos China, Corea del Sur y Singapur, han empleado distintas innovaciones -combinando diversos tipos de tecnologías, inteligencia artificial y de datos- que permiten rastrear, monitorear y aislar a las personas infectadas; además de informar a la población sobre los movimientos de los contagiados, consignando los lugares que han visitado y la cercanía que han tenido con cada individuo.

Son muchas las soluciones digitales que los gobiernos de distintas naciones han creado. Sin embargo, llevan la delantera aquellos países cuya estrategia general se ha construido de manera integral a partir de concebir sus planes mediante la implementación de Agendas Digitales que abordan en forma efectiva las distintas áreas: su infraestructura tecnológica, la conectividad y telecomunicaciones, la tramitación digital, los desarrollos de software y hardware, entre otras cosas. Como señalamos en nuestro artículo anterior “Agenda Digital, una política de Estado más allá del coronavirus”, el uso de estas herramientas han sido y siguen siendo claves para ayudar a los ciudadanos durante esta crisis y a la hora de obtener mejores resultados en el control efectivo del coronavirus, por supuesto junto a las medidas de confinamiento y los refuerzos en los sistemas de salud.

En Singapur, que tiene una penetración de internet en usuarios que oscila entre el 90% y 99% y posee una velocidad de conexión de banda ancha que supera los 60 Mbps por segundo, crearon una aplicación llamada TraceTogether. Esta app intercambia códigos identificatorios entre personas que estén en un radio de 2 metros a través de Bluetooth. Si un usuario contrae Covid-19 puede compartir su información y el sistema avisará a las personas que estuvieron en contacto con él o ella para romper las cadenas de contagios.

En China, que según Jack Ma -CEO de Alibaba, el monstruo del e-commerce a nivel mundial- pasó de tener 8.8 millones de usuarios de Internet a 850 millones en las últimas dos décadas, que además fabrica el 75% de todos los smartphones del mundo y el 90% de las computadoras; todos los residentes deben descargarse una aplicación que rastrea los lugares visitados por una persona. Después de analizar a través de distintos algoritmos la trazabilidad de una habitante, la misma app emite un código verde para quienes tienen libertad de movimiento y amarillo o rojo para los que es obligatorio hacer cuarentena.

En el caso de Corea del Sur, que según el informe realizado por GSMA “Global Mobile Trends 2020” para 2025 se espera que sea el país con mayor penetración 5G en el mundo, el gobierno utiliza datos del GPS de los celulares, pagos con tarjetas de crédito y hasta la información de las cámaras de seguridad para crear un mapa con los lugares visitados por un enfermo de Covid-19. El mapa puede ser consultado en internet y el sistema también envía mensajes de alerta a toda la población.

Todas estas soluciones se suman a los distintos dispositivos que ya podemos observar en esos países, incluyendo también a Hong Kong y Taiwan: robots que esterilizan y reparten alimentos o productos de limpieza, cascos infrarrojos que detectan la temperatura corporal, drones que entregan suministros médicos y/o chatbots inteligentes que hacen de primer filtro para detectar si una persona presenta los síntomas vinculados al Covid-19.

Más allá de estos u otros desarrollos innovadores, para los gobiernos aún resta un desafío mayor: lograr que todos ellos contribuyan a mejorar la calidad de vida de sus habitantes, no solamente en un contexto de pandemia sino también en circunstancias normales, sin violar la privacidad de sus ciudadanos ni de otras naciones.

Este impacto del avance digital se refleja, por supuesto, en los hábitos de consumo,donde también podemos ver algunos ejemplos. Uno de ellos, sin dudas, ha sido el “boom” mundial de las ventas por internet. En la Argentina, el titular de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (Cace), Alberto Calvo, consideró que este año el sector reflejará una proporción de dos dígitos en el comercio total, debido a la digitalización forzada por la situación de aislamiento. Asimismo, en Brasil, el volumen de compras hechas en línea tuvo un crecimiento del 32,6 por ciento sólo en el primer trimestre de 2020.

Para entender la dimensión de lo que esto significa a nivel regional, una empresa como Mercado Libre -la compañía de tecnología líder en comercio electrónico de América Latina- sumó 5 millones de nuevos compradores en línea entre el 24 de febrero y el 3 de mayo, y ya tiene un valor de mercado superior a los US$ 40.000 millones, lo que equivaldría a más del 8% del PBI argentino.

En Italia y España, por otra parte, se habla de un crecimiento del comercio online que oscila entre el cincuenta y cien por ciento; y en Estados Unidos el ritmo es tan frenético que Amazon ha tenido que contratar unos 175.000 trabajadores extras, actuando así en sentido contrario a la caída del empleo en otras actividades.

Y saliendo del mundo del e-commerce hacia la realidad actual de los gigantes de internet, mientras Facebook supera los 2600 millones de usuarios mensuales, lo que representa un incremento del 10 por ciento respecto al año anterior; el pico de actividad en Google en estos meses fue cuatro veces mayor que el de la final del “Super Bowl”. Si hablamos de las plataformas de entretenimiento, es preciso destacar que Netflix tuvo casi 16 millones de clientes nuevos entre enero y abril de este año.

Como podemos observar a través de todos estos ejemplos, en diferentes niveles de nuestras vidas, disciplinas, sectores y en los distintos países, ya no hay manera de contener esta “ola” tecnológica que nos atraviesa por completo. Teniendo en cuenta que detrás de todos estos desarrollos en el mundo, se encuentran los tremendos procesos de transformación generados por el Big Data y la inteligencia de datos, la robótica, la inteligencia artificial e Internet de las Cosas, el desarrollo de software y hardware, la ingeniería de sistemas, entre otras disciplinas, no cabe duda que el futuro digital ya es una realidad.

Por supuesto que ser parte de este nuevo paradigma también tiene su costado negativo y preocupante. El historiador israelí Yuval Noah Harari sostiene que ya tenemos tres enemigos que amenazan a todos los humanos: la guerra nuclear, el cambio climático y la disrupción tecnológica. Y en cuanto a la última, el autor nos alerta sobre el hecho de que los humanos somos ahora “animales pirateables”, y que con suficientes datos y poder de cómputo, se puede hackear personas y comprenderlas mejor de lo que se entienden a sí mismas. Luego, se pueden predecir sus elecciones, manipular sus deseos e inducirlos en sus gustos. Esto significa que los datos se están convirtiendo en un activo fundamental y que la cuestión política más importante de nuestro tiempo será el desafío por manejar y controlar los datos.

En este marco, en su libro Homo Deus, Harari también plantea que con los avances actuales y a través de las prótesis, implantes cerebrales, nanorrobots y regeneraciones genéticas dominaremos la naturaleza y nuestra naturaleza: en un extremo el autor plantea que dejaremos de envejecer y de morir. Desde esa visión y a partir de esta revolución imparable, su planteo es que el hombre pasará del actual reconocido “Homo Sapiens” a la desafiante figura del “Homo Deus” (Hombre Dios).

Independientemente de que esas definiciones puedan parecernos irrealizables, temerarias o extremadamente fantasiosas, el desarrollo de las herramientas tecnológicas en diferentes áreas van en el camino de generar avances de una magnitud increíble que, a diferencia de lo que nuestros antepasados podían imaginarse proyectando su visión a 50 años, hace prácticamente imposible que hoy podamos tener una visión medianamente cierta de lo que creemos será el mundo, por ejemplo, en 2070.

Pero, desde ya, siendo que la velocidad de transformación es notable, la única manera con la que podemos acompañar esos cambios es que nuestros gobiernos faciliten y permitan con reglas de juego claras, la posibilidad de innovar, de fomentar la iniciativa privada, de acompañar y propiciar la creatividad de las personas. Al mismo tiempo que se deben establecer principios y reglas éticas para enmarcar el avance de dichos procesos.

Todos los países deben comprender el tamaño de esta revolución que, como dijimos, ya está entre nosotros. La pandemia del coronavirus aceleró este proceso y todos los días pone en evidencia el valor que tiene para nuestras sociedades la priorización de las herramientas que constituyen las Agendas Digitales y sus infraestructuras tecnológicas y de comunicaciones. Sin ellas hoy, con mayor o menor confinamiento producto de la pandemia, no podríamos seguir trabajando, educando, curando, investigando, comunicándonos o entreteniéndonos de un modo efectivo.

Por otra parte, una vez que hayamos atravesado este drama del coronavirus, todas estas soluciones serán indispensables para combatir las dificultades económicas. El análisis del impacto econométrico del virus SARS-Cov en 2003, según el Observatorio del Ecosistema Digital de CAF (Banco de Desarrollo de América Latina), demostró que los países con una infraestructura de conectividad bien desarrollada pudieron mitigar sustancialmente las pérdidas económicas asociadas con aquella pandemia.

Entrando en el ámbito local, la Argentina desarrolló su Agenda Digital durante la presidencia de Mauricio Macri, permitiendo que hoy podamos disponer de muchas soluciones y soporte de infraestructura, desde los trámites digitales al importante avance en las comunicaciones, no sólo para contar hoy con herramientas de apoyo para mitigar esta crisis, sino también para tener una buena plataforma hacia futuro. Si bien queda una enorme tarea por delante que deberá continuarse, de no haberse avanzado de este modo, nuestra realidad hoy sería otra y con enormes limitaciones en nuestra vida diaria.

Es de suma importancia, entonces, que los gobiernos entiendan que brindar acceso a internet debe ser considerado un derecho básico, ya que es y será fundamental para el desarrollo humano y profesional de cada individuo; y para disfrutar de los beneficios que tiene ser parte de esta “cuarta revolución industrial”. Analizando las últimas cifras del informe de CAF citado anteriormente, todavía seguimos observando un problema en cuanto a la penetración de internet en la región, que se ubica en el 68%. Como bien sostiene el documento, este “valor revela el primer obstáculo para afrontar el Covid-19, la marginalización del 32% de la población en el uso de Internet y que excluye de la posibilidad de acceder a servicios como información y atención sanitaria, descargar contenidos educativos para resolver el asueto escolar, o adquirir bienes de primera necesidad de manera electrónica”.

En definitiva, queda claro que la Agenda Digital debe priorizarse porque así como en esta coyuntura ha sido fundamental para ayudarnos como sociedades a combatir o mitigar los efectos de la pandemia, en el futuro todos estos desarrollos serán determinantes en la vida cotidiana de la gente. Los hábitos están cambiando y ese cambio tiene que ver en gran medida con el uso de las comunicaciones y la tecnología.

También queda claro que nos enfrentaremos, como sociedades, a nuevos dilemas que tienen que ver con la privacidad versus la información requerida para atender necesidades colectivas. Eso será así y debemos estar a la altura de poder compatibilizar el desarrollo que permite la tecnología con los principios éticos de nuestra vida en sociedad.

Los planteos de Harari, aunque dramáticos en algún sentido, marcan una visión posible del mundo hacia el que estamos yendo. Y debemos prepararnos para enfrentar esos enormes desafíos.

De lo que no quedan dudas es que ya estamos transitando el camino de la llamada revolución 4.0 y que la misma vino para quedarse y cambiar definitivamente los hábitos y costumbres de nuestra vida actual en sociedad. El mundo ha acelerado la llegada del futuro digital.